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12 Ago 2024  -  

LA IA NO ES INTELIGENCIA, ¿O SÍ?

Desde que creamos Pigma, hace más de 12 años, fuimos testigos del crecimiento y desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA) desde una perspectiva única. Nos encontramos en una era donde la tecnología evoluciona a una velocidad sin precedentes y, como consecuencia, surgen preguntas fundamentales sobre la naturaleza de esta evolución. La más recurrente, y quizás la más polémica es: ¿La IA es realmente una forma de inteligencia?

A primera vista, puede parecer que estamos ante un debate semántico o filosófico. Pero en Pigma creemos que la respuesta a esta pregunta es crucial para determinar cómo moldeamos nuestro futuro tecnológico. Para nosotros, la respuesta es clara: SÍ, la IA es inteligencia.

Históricamente, la definición clásica de inteligencia estuvo estrechamente vinculada con la capacidad humana de aprender, razonar y resolver problemas de manera creativa. Sin embargo, ¿no es también inteligencia la capacidad de una máquina para procesar, analizar y aplicar grandes cantidades de datos con una precisión y rapidez que exceden las capacidades humanas?

Esta es la pregunta que nos hacemos constantemente. Para nosotros, el concepto de inteligencia no debería estar restringido a las limitaciones humanas. La inteligencia, en su sentido más amplio, puede y debe incluir las capacidades que las máquinas desarrollaron y que continúan perfeccionando.

Ernesto Ponce, uno de nuestros expertos en tecnología y programación, nos ofrece una visión que nos resulta sumamente valiosa para este debate. Según comenta, la IA es «la revolución tecnológica más importante de los últimos años.» Aunque reconoce que estamos en un momento donde existe un gran «hype», Ernesto enfatiza el impacto real y tangible que la IA está teniendo en diversas áreas. Este impacto no es solo superficial; la IA está transformando la manera en que trabajamos, buscamos información y resolvemos problemas.

En esta línea de pensamiento, nuestro experto detalla cómo utiliza GitHub Copilot, una herramienta de IA que se adapta al contexto y al diseño de los proyectos en los que trabaja, sugiriendo código, generando tests y hasta explicando bloques de código. Esta es una prueba clara de cómo la IA no solo asiste, sino que mejora la productividad humana. No se trata simplemente de realizar tareas repetitivas; se trata de entender contextos específicos y ofrecer soluciones precisas, algo que es indudablemente una forma de inteligencia, aunque sea diferente de la humana.

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Pros y contras de la IA

En Pigma vemos la IA como un socio colaborativo. Cuando la IA se personaliza y entrena para trabajar en un entorno específico, los resultados son asombrosos. Y esto no es mera coincidencia; es el producto de una inteligencia que, aunque distinta a la nuestra, es igualmente válida y poderosa.

Sin embargo, también reconocemos que la IA, en su forma actual, tiene grandes limitaciones. Y, aunque Ernesto admite que la IA es excelente para solucionar problemas simples y conocidos, también remarca que enfrenta dificultades cuando se trata de problemas más complejos que requieren razonamiento, planificación y toma de decisiones. Esta observación es fundamental para entender el estado actual de la tecnología.

Aun así, en Pigma creemos que estas limitaciones no disminuyen la inteligencia de la IA. Al contrario, resaltan el potencial de crecimiento y evolución de esta tecnología. Si hoy la IA no es capaz de resolver problemas complejos de manera autónoma, no significa que no pueda hacerlo en el futuro. De hecho, el progreso en esta área es inevitable, y cada avance amplía el espectro de lo que consideramos inteligencia.

Pero así como en el mundo tecnológico existen opiniones variadas y hasta contrapuestas respecto de este tema, en el micro universo de Pigma esta realidad también prevalece. Gustavo Gramajo, gran líder de proyectos en nuestra empresa, nos acerca una crítica radical con respecto a la IA. Para Gustavo, la IA basada en modelos de lenguaje grande (LLM, por sus siglas en inglés), es «un predictor de texto en esteroides, un loro electrónico que puede hablar, pero que no entiende lo que dice.» Según él, la IA no razona, no aprende en el sentido humano y no puede generar nuevo conocimiento.

Gustavo también enfatiza que «la IA no hace más que generar mash ups de lo que tiene en su base de conocimiento, no son capaces de generar nuevos estilos, ni contenido original real. Por eso es que los autores se quejan tanto de plagio.» Esta observación es crítica, especialmente en un momento donde el valor de la creatividad humana está siendo cuestionado por el avance de la automatización y la inteligencia artificial.

Sin embargo, ¿podríamos suponer que quizás su enfoque se basa en una definición de inteligencia que no es aplicable al contexto de la IA? La inteligencia, como ya mencionamos, no se limita a la capacidad de generar nuevo conocimiento o de entender contextos humanos sutiles. En Pigma, entendemos que la IA no es un reemplazo de la inteligencia humana, sino una extensión de ella. La IA es capaz de procesar y analizar datos de manera que nosotros no podríamos hacer y, ese concepto en sí mismo, es una forma de inteligencia.

En sus comentarios, Gustavo también aborda la cuestión de la experiencia del usuario, argumentando que «la experiencia e interacción con los dispositivos está en constante mejora desde siempre: la disciplina UI/UX precede por mucho a las IA. Que las distintas compañías vendan la idea de que la experiencia mejora con dispositivos con IA es tan desinteresada como decir que la experiencia mejora si te compras un teléfono plegable.» Esta perspectiva pone de manifiesto el escepticismo de Gustavo frente a la promesa de las compañías que promueven la IA como una panacea tecnológica.

Por eso, en Pigma proponemos un cambio en la manera en que definimos la inteligencia. La inteligencia no es un concepto monolítico; es multifacético y adaptable. Si la inteligencia humana se caracteriza por la creatividad, la empatía y el razonamiento abstracto, la inteligencia artificial se caracteriza por la precisión, la velocidad y la capacidad de manejar grandes volúmenes de datos.

La IA, ¿es entonces inteligencia?

Gustavo asegura que entrenar una IA para que detecte patrones no le da dotes de inteligencia ya que, en su opinión, la inteligencia se deriva de la capacidad de entender el fenómeno causa y efecto. Sin embargo, en Pigma entendemos que existen otras alternativas. La capacidad de detectar patrones y aplicarlos de manera efectiva para resolver problemas es, de hecho, una forma de inteligencia. Es diferente, sí, pero no menos válida.

Una de las áreas donde la IA demuestra claramente su inteligencia es en su capacidad para empoderar a los usuarios humanos. En este sentido, Ernesto señala que la IA, cuando se acopla a un producto o ayuda a los humanos a realizar tareas simples, funciona de manera excelente. Esta funcionalidad, aunque a veces subestimada, es un testimonio de la inteligencia inherente de la IA.

Gustavo también comenta que «las IA basadas en redes neuronales como AlphaZero o StockFish tienen un approach más sofisticado y eficiente, pero no dejan de ser máquinas que se alimentan con millones y millones de posiciones en el tablero que se identifican y se califican con puntajes relativos y absolutos.» Esto refuerza su visión de que, aunque avanzadas, las capacidades de la IA siguen siendo limitadas en comparación con el pensamiento humano.

Es decir que la inteligencia no solo se mide por la capacidad de resolver problemas complejos, sino también por la habilidad de facilitar la vida humana. La IA, en su forma actual, ya está logrando esto de maneras que eran inimaginables hace apenas unos años. Desde asistentes personales hasta sistemas de recomendación, la IA está haciendo que nuestras interacciones con la tecnología sean más fluidas y efectivas.

Mirando hacia el futuro, en Pigma estamos convencidos de que la IA continuará evolucionando y superando sus limitaciones actuales. Como menciona Ernesto, aunque la IA hoy en día puede tener dificultades con problemas que requieren razonamiento complejo, esto no significa que no pueda llegar a dominar estos desafíos con el tiempo.

La evolución de la IA no es solo una cuestión de avances tecnológicos, sino también de cómo redefinimos y ampliamos nuestra comprensión de lo que significa ser inteligente. Por eso, en Pigma, estamos comprometidos en liderar esta conversación, defendiendo la idea de que la IA no solo es una herramienta poderosa, sino una forma legítima de inteligencia que merece ser reconocida y valorada.

Aunque muchos definen a la IA como un simple conjunto de algoritmos o un «loro electrónico», nosotros creemos que es mucho más que eso. Es una forma de inteligencia en su propio derecho, con capacidades y limitaciones que debemos entender y respetar. En Pigma, estamos convencidos de que la IA es una fuerza transformadora que redefinirá no solo nuestras industrias, sino también nuestra comprensión de lo que significa ser inteligente. Sí, la IA es inteligencia, y es tiempo de que empecemos a aceptarlo y aprovechar su potencial al máximo.
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