Decidir dar el salto al estudiar y trabajar en IT
En algún momento de la carrera, casi todos los estudiantes de sistemas o programación se hacen la misma pregunta: ¿me conviene estudiar y trabajar en IT ya, o esperar a recibirme? La industria tecnológica ofrece oportunidades laborales muy temprano, pero la duda sobre si será posible equilibrar trabajo y universidad suele frenar la decisión.
No es una pregunta menor. Por un lado, las empresas del sector buscan talento joven con urgencia, y la posibilidad de comenzar a ganar experiencia profesional antes de recibirse puede abrir puertas únicas. Por otro, la carrera universitaria en sistemas —ya sea en la UTN, en la UBA o en cualquier otra institución— exige horas de estudio, proyectos, parciales y finales que, sumados a una jornada laboral, pueden volverse un peso difícil de sostener.
En medio de esas tensiones, muchos jóvenes sienten que deben elegir entre dos caminos: esperar a terminar la carrera para entrar al mundo laboral, o lanzarse de lleno a un empleo en tecnología y arriesgarse a que los estudios queden en segundo plano. Sin embargo, hay una tercera vía, más desafiante pero también más enriquecedora: combinar ambas cosas, estudiar y trabajar en IT al mismo tiempo.
Esa elección no solo acelera el crecimiento profesional, sino que transforma la experiencia académica, porque lo aprendido en la facultad se conecta con la práctica real de inmediato. Al mismo tiempo, obliga a desarrollar habilidades que no se enseñan en los libros: organización, manejo del tiempo, resiliencia, comunicación y, sobre todo, la capacidad de reconocer los propios límites.
En Pigmalion Software, dos jóvenes eligieron este camino y comparten cómo lograron sostener este doble desafío. Sus historias reflejan la realidad de cientos de estudiantes de IT en Argentina que, día a día, aprenden a equilibrar código y apuntes, reuniones de equipo y parciales, entregas laborales y finales universitarios. Y demuestran que, aunque no sea un camino sencillo, es un recorrido posible y profundamente transformador.
Estudiar y trabajar en IT en primera persona

Pablo Bustos, Desarrollador en Pigmalion Software
Pablo Bustos es estudiante de Ingeniería en Sistemas de la UTN, y para él, el dilema de estudiar y trabajar en IT se resolvió por una mezcla de ambición profesional y necesidad personal. Pablo venía de un colegio técnico con orientación en programación de software y desde los quince años había comenzado a capacitarse por su cuenta con cursos gratuitos en Internet. Sin embargo, sentía que algo faltaba.
“Antes de entrar a Pigmalion Software solamente estudiaba para la carrera y hacía algunos proyectos para practicar. No eran proyectos con un fin económico ni nada, sino para ejercitarme. Pero sentía que me estaba quedando en lo académico. Lo que me motivó a estudiar y trabajar en IT al mismo tiempo fue la necesidad de dar un salto de lo académico a lo profesional, empezar a crecer, no quedarme estancado, sino ir más allá y apuntar a lo laboral real”.
A esa motivación se sumaron razones familiares y económicas:
“También me impulsó la necesidad de ayudar a mis papás. Están grandes, se están por jubilar, y quise darles una mano con los gastos de la casa. Al mismo tiempo, buscaba independencia económica para poder invertir en mi educación. Antes solo hacía cursos gratuitos, que sirven mucho, pero ahora gracias a estudiar y trabajar en IT puedo pagar cursos en plataformas como Udemy, servicios como ChatGPT o incluso hosting. Todo eso me ayuda a seguir aprendiendo por mi cuenta y a crecer profesionalmente”.
Ese paso, que mezcla vocación con responsabilidad, es el que muchos jóvenes se animan a dar en sus primeros años de facultad. Y aunque estudiar y trabajar en IT implica un desafío grande, también abre puertas que difícilmente se logren de otra manera.
Ventajas de estudiar y trabajar en IT
Uno de los beneficios más claros de estudiar y trabajar en IT es que los aprendizajes se retroalimentan en ambos sentidos. Lo que se aprende en la universidad cobra vida en el trabajo, y lo que se practica en el trabajo le da sentido y seguridad a los contenidos académicos.
Pablo lo resume con su experiencia en reuniones técnicas:
“En el trabajo, cuando se habla de bases de datos en una reunión, yo entiendo de qué se está hablando porque lo vi en la facultad o en algún curso. Eso me permite estar sincronizado con el equipo, comprender mejor lo que se discute y hasta animarme a proponer ideas. Esa conexión es muy valiosa, porque no solo entiendo el tema, sino que me abre la puerta a participar de otra manera”.

Milagros Guzmán, Desarrollador en Pigmalion Software
La experiencia de Milagros Guzmán, compañera de Pablo en Pigmalion, muestra el mismo fenómeno al estudiar y trabajar en IT en la dirección opuesta. Durante su período de onboarding en la empresa, tuvo que trabajar en SQL:
“Yo sabía lo básico, pero en Pigmalion lo profundicé muchísimo. Eso después me ayudó un montón en la facultad. Cuando cursé bases de datos ya tenía un conocimiento sólido, no era empezar de cero. Me dio confianza, seguridad, y pude transitar la materia de forma más relajada, sin tanta presión como si hubiera sido algo completamente nuevo. No significa que no estudiara, pero sí que ya lo había aplicado en la práctica y eso cambia todo”.
Milagros destaca algo clave al estudiar y trabajar en IT: la diferencia entre la teoría y la práctica real.
“No es lo mismo tomar apuntes en clase que ir a una reunión con un cliente y tener que aplicar lo que viste. Saber cómo preguntar, cómo entrevistar, cómo llevar una conversación… eso lo aprendí en la facultad, pero solo cuando lo pude practicar en el trabajo me di cuenta de la diferencia. Esa experiencia vale muchísimo más que cualquier apunte”.
Así, la decisión de estudiar y trabajar en IT no solo es posible, sino que multiplica el aprendizaje y lo vuelve más significativo.
Cómo organizarte para estudiar y trabajar en IT
El gran miedo de quienes evalúan dar este paso es no poder con todo. El tiempo parece siempre insuficiente, y el riesgo de agotarse está presente. Sin embargo, tanto Pablo como Milagros desarrollaron estrategias distintas que les permiten sostenerse.
Pablo encontró en la organización por bloques una herramienta poderosa:
“Siempre me manejé con una organización por bloques. Por ejemplo, me pongo dos horas de álgebra a la mañana antes de trabajar, una hora de otra materia después del trabajo, y así. Inclusive agrego bloques de descanso o de actividades personales. Lo importante es que cada bloque tiene objetivos concretos: no digo ‘voy a estudiar física’, digo ‘voy a resolver tres ejercicios de MRV’ o ‘voy a leer diez páginas de tal tema’. Eso me ayuda a mantener el foco y a sentir que avanzo”.
También adaptó técnicas conocidas a su estilo personal:
“Uso el método Pomodoro, pero a mi manera. No me sirve el clásico de 25 minutos de estudio y 5 de descanso. Prefiero 40 minutos y 10 de pausa, porque necesito más tiempo para concentrarme. Además, siempre con música instrumental de fondo, sin voces, porque las letras me distraen. Escucho mucho música de videojuegos o de orquesta”.
A eso sumó el método GTD de David Allen:
“El libro Getting Things Done me ayudó muchísimo. Propone clasificar tareas y decidir cuáles hacer, cuáles posponer y cuáles eliminar. Muchas veces creemos que tenemos veinte cosas urgentes, pero al organizarlas descubrimos que diez son para hoy y el resto puede esperar. Eso baja mucho la ansiedad y evita el agotamiento mental”.
Milagros, en cambio, eligió un sistema más flexible, que se adapta a cada momento del año académico:
“Depende de la etapa. Si estoy en parciales o finales, repaso un poco a la mañana, trabajo todo el día, voy a la facultad y vuelvo a repasar a la noche. Si no, hago solo la jornada laboral, cursada y un repaso corto. Y lo que queda pendiente lo paso al fin de semana. La clave es ser flexible y entender que no todos los períodos son iguales”.
Ella también se apoya en un recurso simple pero efectivo:
“Uso listas físicas y digitales. Anoto lo que estoy haciendo, lo que queda pendiente, y voy tachando. Así al día siguiente retomo sin perder tiempo ni energía en recordar por dónde iba. Parece una pavada, pero me cambia mucho el día”.
Dos estilos distintos, pero con un mismo trasfondo: encontrar un método que sea sostenible, que permita avanzar sin caer en la sensación de estar siempre corriendo detrás de lo imposible.

Milagros Guzmán y Pablo Bustos, forjando su camino en Pigmalion Software.
El equilibrio entre motivación, descanso y autoexigencia para estudiar y trabajar en IT
Más allá de la organización, lo que define la continuidad en este camino es la capacidad de manejar la presión y la motivación. En este punto, Pablo y Milagros coinciden en que el descanso es tan importante como el estudio y el trabajo.
Milagros lo plantea con claridad:
“Creo que es normal sentir que perdemos la motivación en algún punto. Así como no podemos estar felices todo el tiempo, tampoco podemos estar motivados permanentemente. Lo importante al estudiar y trabajar en IT es entender que el descanso es tan importante como el estudio o el trabajo. Si uno no se da esos espacios, es imposible sostener este ritmo a lo largo del tiempo. Cuando recién empezás, te presionás para demostrar lo que sabés o para compensar lo que no sabés. Y esa presión se vuelve insostenible si no aprendés a frenar”.
En su caso, la clave es detenerse y replantear el objetivo:
“Cuando siento que todo se vuelve demasiado, me tomo un momento para pensar qué buscaba al principio. A veces creemos que el parcial define todo, que el proyecto es una bomba que nos explota encima. Pero si te detenés, ves que hay segundas oportunidades, que nada es tan definitivo. Eso me ayuda a bajar la ansiedad y seguir adelante con más calma”.
Pablo, en tanto, convirtió la gestión del tiempo y la energía en una rutina de hábitos muy claros. Entre ellos:
- Respetar los bloques definidos: “Si me propongo estudiar dos horas, no me paso. Si me extiendo, termino afectando otra actividad y eso genera desborde”.
- Definir objetivos concretos y alcanzables: traducir lo general en tareas específicas.
- Usar descansos estratégicos: su versión extendida del Pomodoro le permite mantener la concentración sin agotarse.
- Cuidar el entorno de estudio: música instrumental, sin distracciones externas.
- Clasificar y priorizar con GTD: distinguir entre lo urgente y lo importante.
- Saber poner un punto final: evitar quedarse hasta tarde trabajando o estudiando más de lo planificado.
“El problema al estudiar y trabajar en IT no es tener muchas tareas, el problema es sentir que todas son urgentes. Si aprendés a clasificarlas, la cabeza se libera y podés concentrarte mejor. Y si respetás los tiempos, no te desbordás. Un sistema, aunque sea imperfecto, siempre es mejor que ninguno”.
Este equilibrio entre organización, descanso y autocuidado es lo que les permite a ambos sostener el esfuerzo en el tiempo y estudiar y trabajar en IT.
Crecimiento profesional y personal al estudiar y trabajar en IT
Más allá de los contenidos aprendidos en la facultad o en el trabajo, el mayor impacto de esta experiencia se da en el plano humano. Tanto Pablo como Milagros reconocen que estudiar y trabajar en IT al mismo tiempo los hizo crecer en aspectos que no se enseñan en los libros.
Pablo lo vive como una transformación personal:
“Siempre fui muy introvertido, y el trabajo me obligó a relacionarme más. Aprendí a comunicarme en un entorno profesional, y eso mismo lo traslado a la facultad. Hablar con compañeros, con profesores, incluso con clientes. Esa parte social de estudiar y trabajar en IT para mí es tan valiosa como lo técnico, porque me hace crecer como persona”.
Además, valora cómo la experiencia lo entrenó en responsabilidad:
“Hoy soy mucho más consciente de mis tiempos y de mis prioridades. Tener que equilibrar estudiar y trabajar en IT me obligó a organizarme, a pensar en objetivos y en cómo cumplirlos. Eso me dio una disciplina que sé que me va a servir toda la vida, en cualquier contexto”.
Milagros también destaca un aprendizaje clave: la importancia de bajar la velocidad cuando es necesario.
“Al principio quería hacer todas las materias posibles y recibirme rápido. Pero entendí que no se trata de correr, sino de llegar. Esto no es una competencia con nadie. Si tengo que cursar menos materias y tardar más años, no pasa nada. Lo importante es sostener el camino y no abandonar el objetivo”.
Ese cambio de perspectiva le permitió vivir su carrera con menos angustia y más constancia. 
En conjunto, las experiencias de Pablo y Milagros muestran que estudiar y trabajar en IT no solo acelera el aprendizaje técnico, sino que fortalece habilidades blandas como la comunicación, la resiliencia, la organización y la capacidad de tomar decisiones bajo presión.
Estudiar y trabajar en IT es un camino posible
Estudiar y trabajar en IT al mismo tiempo no es un camino sencillo. Implica reorganizar la vida, ajustar expectativas y aprender a convivir con la presión de los plazos, los exámenes y las entregas. Pero también es un recorrido que ofrece una recompensa única: la posibilidad de crecer en paralelo en lo académico y en lo profesional, mientras se gana independencia, confianza y madurez personal.
Las historias de Pablo y Milagros lo dejan claro. Ambos decidieron estudiar y trabajar en IT, cada uno con sus razones y contextos distintos, pero los dos encontraron en ese desafío una fuente de aprendizaje que va mucho más allá de lo técnico. Aprendieron a organizar su tiempo, a manejar la autoexigencia, a valorar el descanso y, sobre todo, a entender que la motivación no es algo que se mantiene intacto, sino un recurso que hay que cuidar y reconstruir día a día.
En un sector como el tecnológico, donde los cambios son constantes y la exigencia es alta, estas experiencias enseñan que el verdadero diferencial no está solo en el conocimiento, sino en la capacidad de adaptarse, sostener el esfuerzo y no perder de vista los objetivos personales.
Como dice Pablo, “todos tenemos que encontrar nuestra manera de organizarnos. Es cuestión de probar, equivocarse y ajustar los hábitos”. Y como resume Milagros, “vayas al ritmo que vayas, lo importante es cumplir el objetivo que te propusiste, y lo más importante es no dejar de intentarlo”.
Al final, ese es el mayor aprendizaje: que el equilibrio entre universidad y trabajo no es una fórmula mágica ni una receta universal, sino una construcción personal. Y que, más allá de títulos o proyectos entregados, lo que queda es la certeza de haber transitado un camino que no solo forma profesionales en IT, sino también personas más conscientes, responsables y resilientes.
Como dice Milagros: “Vayas al ritmo que vayas, lo importante es cumplir el objetivo que te propusiste. Y lo más importante es no dejar de intentarlo”. Y como resume Pablo: “Todos tenemos que encontrar nuestra manera de organizarnos. Es cuestión de probar, equivocarse y ajustar los hábitos. Eso también es parte del crecimiento”.
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