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29 Sep 2025  -  

Discovery en proyectos: brinda calidad y evita riesgos

En el mundo del desarrollo de software y la creación de productos digitales, cada decisión tomada en los primeros pasos puede marcar la diferencia entre un proyecto exitoso y uno plagado de retrasos, sobrecostos y frustración. Una palabra clave, que muchas veces no se comunica lo suficiente, se erige como el cimiento de cualquier iniciativa tecnológica bien encaminada: el discovery.

A simple vista, puede sonar como una fase más del proceso, un paso inicial de análisis antes de poner manos a la obra. Sin embargo, el discovery es mucho más que eso. Es la herramienta que otorga claridad, minimiza riesgos y le da al cliente la tranquilidad de que su inversión está en buenas manos.

En Pigmalion Software lo sabemos bien. Con años de experiencia acompañando a empresas de distintos rubros y tamaños, hemos comprobado que cuando se omite un buen discovery lo que se “ahorra” en tiempo al comienzo se paga caro más adelante.

Discovery

Daniel Ávila, Business Developer de Pigmalion Software.

Surgen variaciones, aparecen sorpresas y el proyecto empieza a desviarse del rumbo inicial. Nada de eso es bueno para el cliente ni para el equipo

En cambio, cuando invertimos en discovery, reducimos al mínimo los desvíos, aseguramos los plazos y garantizamos que la inversión esté bien planificada desde el inicio.

Como resume nuestro Líder Comercial, Daniel Ávila:

“Para el cliente el discovery es una herramienta fundamental, es la mejor manera de asegurar el proyecto y darle previsibilidad. Cuando falta eso, la experiencia demuestra que pueden aparecer variaciones y sorpresas… y eso no es deseable para nadie”.

Qué entendemos por discovery

Para nosotros, el discovery es la fase inicial de un proyecto tecnológico, y constituye mucho más que un simple trámite. Es un proceso metodológico, definido y probado, que nos permite transformar ideas en un alcance claro y accionable.

El Analista Funcional ocupa un rol central en esta etapa. Es quien escucha, pregunta, interpreta y traduce lo que el cliente trae —ya sea un concepto apenas esbozado o un conjunto de ideas dispersas— en user stories, funcionalidades priorizadas y, finalmente, en un plan de trabajo con hitos y entregables claros.

Como explica Ávila: “Un buen discovery nos permite definir mejor el objetivo del desarrollo, las funcionalidades a incluir, establecer prioridades y un plan de trabajo realista. El resultado incluye un alcance claro, una estimación precisa del tiempo, la definición del equipo adecuado y un cronograma basado en hitos y entregables”.

En Pigmalion trabajamos con un estándar de alrededor de un mes para esta fase, aunque la duración depende de la complejidad del proyecto. Lo fundamental es que, al finalizar, tanto el cliente como nosotros contamos con un mapa detallado que incluye:

  • Un alcance bien definido, que evita interpretaciones ambiguas.
  • Una estimación precisa de tiempos y costos.
  • La definición del equipo adecuado para ejecutar el desarrollo.
  • Un cronograma transparente y basado en hitos concretos.

De esta manera, el cliente no avanza a ciegas, sino con un plan compartido que describe la forma que tomará el producto final —sea una aplicación, un sistema o una plataforma digital— y los pasos concretos para llegar hasta allí.

Discovery como brújula para planificar y priorizar

Sabemos que, cuando un cliente presenta un requerimiento, lo que espera de inmediato es una estimación de tiempos e inversión. Esa primera cifra le sirve como referencia, pero si se toma como definitiva sin haber pasado por discovery, se convierte en un arma de doble filo.

En palabras de Daniel Ávila: “No se puede estimar un proyecto basándose únicamente en un documento o en un listado escueto de funcionalidades. Hace falta interacción, observación y muchas conversaciones entre los referentes del cliente y el equipo que lleva a cabo el discovery”.

En Pigmalion apostamos a esa interacción. El discovery implica conversaciones abiertas, talleres de relevamiento, validaciones intermedias y observación directa de cómo funciona el negocio. No se trata de llenar formularios, sino de construir un conocimiento compartido.

Siempre que es posible, procuramos que parte de esas interacciones sean presenciales. Estar en el lugar de trabajo, observar cómo operan los usuarios reales, conversar con ellos, nos da información que ningún documento puede transmitir. Esa cercanía nos permite diseñar soluciones alineadas con la lógica operativa del cliente y, al mismo tiempo, introducir mejoras que optimicen la forma de trabajar.

El resultado es un plan sostenible, con prioridades claras y con un orden que refleja tanto la realidad del negocio como el valor estratégico de cada funcionalidad.

Discovery

Discovery como escudo contra los riesgos

Si planificar sin discovery es como navegar sin brújula, avanzar sin él es como construir una casa sin cimientos. Los riesgos son enormes: retrasos, sobrecostos y pérdida de confianza.

Los ejemplos abundan. Hubo una cadena de gimnasios que solicitó una aplicación de reservas de clases. El requerimiento inicial era simple: mostrar horarios disponibles y permitir elegir un turno. Sin embargo, los usuarios necesitaban algo más: ver cuántos lugares quedaban disponibles, poder cancelar o reprogramar reservas y recibir recordatorios antes de cada clase.

Al no haber relevado estas necesidades al inicio, la primera versión de la app resultó insuficiente. Hubo que rehacer la lógica de reservas, rediseñar el calendario y sumar notificaciones. Resultado: tres semanas extra de trabajo, costos adicionales y un retraso en el lanzamiento que impactó justo antes de una campaña de marketing.

Algo similar sucedió con una clínica que pidió un sistema de turnos médicos. El pedido inicial parecía sencillo: paciente, médico, fecha y hora. Pero la operación real requería mucho más: distinguir tipos de turnos, bloquear horarios cuando un profesional estaba de vacaciones e integrar todo con el sistema de facturación de la obra social.

El sistema inicial funcionaba “a medias”, obligando al personal administrativo a seguir usando planillas y teléfonos para resolver excepciones. Para corregirlo, hubo que reprogramar la agenda completa, rediseñar la base de datos y conectar el sistema con otros softwares. El proyecto se extendió dos meses más y la clínica vio afectada su operación diaria.

Como advierte Ávila: “Una funcionalidad mal relevada no es un detalle técnico: puede transformarse en un cambio profundo de lógica y diseño, con demoras y sobrecostos significativos”.

Estos ejemplos muestran claramente que el discovery no es un lujo, sino una necesidad para reducir riesgos y dar solidez al desarrollo.

Buenas prácticas para un discovery exitoso

El discovery no es un trámite aislado que se tacha de una lista. Es parte de nuestra cultura de trabajo en Pigmalion. Para que sea efectivo, debe vivirse como un proceso participativo, iterativo y continuo. Estas son algunas de las prácticas que aplicamos:

  • Involucrar roles diversos desde el inicio. Convocamos a representantes de negocio, usuarios finales, diseño, desarrollo y QA en las primeras etapas, para evitar sesgos y enriquecer la visión.
  • Documentar de forma simple y colaborativa. Evitamos documentos interminables que nadie lee. Preferimos herramientas visuales y ágiles como journey maps, user stories, mockups en Figma y tableros Kanban.
  • Validar con prototipos tempranos. Antes de escribir código, presentamos un prototipo navegable. Eso permite que el cliente lo valide con usuarios finales y sponsors, reduciendo malentendidos y acelerando la alineación.
  • Fomentar la mentalidad de preguntar más. En Pigmalion creemos que ninguna pregunta es obvia. Promovemos cuestionamientos constantes: “¿Qué pasa si…?”, “¿Cuál es la excepción?”, “¿Cómo se mide el éxito?”.

Nuestro lema, como repite Daniel, es claro: Mejor una reunión de 30 minutos con preguntas incómodas que tres meses de retrabajo”.

  • Medir impacto, no solo entregables. No nos limitamos a terminar features: medimos valor en términos de tiempo ahorrado, usuarios activos y reducción de reclamos.
  • Retroalimentación continua. Cada entrega es una oportunidad de recibir feedback y ajustar el rumbo. El cliente es parte activa en cada iteración.

Discovery como inversión, no como gasto

En ocasiones nos encontramos con clientes que, al principio, ven el discovery como un costo adicional o como tiempo perdido antes de empezar “de verdad” con el desarrollo. Nosotros lo vemos distinto: es la inversión estratégica que protege el proyecto.

Como explica Ávila: “Si no se transita por una fase inicial de discovery y se inicia un proyecto basado en información parcial, hay un alto riesgo de que surjan desvíos más adelante. Y esos desvíos impactan en tiempos, costos y, sobre todo, en la confianza”.

Un discovery bien hecho asegura que avancemos con objetivos claros, expectativas alineadas y riesgos minimizados. Nos da la capacidad de armar un plan previsible, que le permita al cliente saber exactamente qué esperar en cada etapa. Esa previsibilidad se traduce en confianza, tanto interna como externa.

Un buen Discovery: la tranquilidad de lo previsible

En un entorno tecnológico cada vez más vertiginoso, improvisar no es una opción. El discovery es el cimiento que asegura que un proyecto avance con rumbo claro, minimizando riesgos y maximizando el valor para el cliente.

En Pigmalion Software lo entendemos como parte de nuestra identidad. Por ese motivo no iniciamos proyectos sin pasar por este proceso, porque sabemos que es la manera más efectiva de garantizar calidad, cumplimiento de tiempos y satisfacción real.

Porque, al final del día, el desarrollo de software no se trata solo de código. Se trata de personas, procesos y objetivos de negocio. Y el discovery es el puente que conecta esos tres mundos para que el resultado final no sólo funcione, sino que genere impacto verdadero.

Si querés agendar una reunión con Daniel Ávila, Líder comercial de Pigmalion Software, hacé click aquí.

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